Fragmentos de entrevistas

DVD Ediciones.com en la feria del libro de Madrid

DVD Ediciones.com: Háblanos brevemente de tu libro.

Erika Martínez: Lenguaraz es un libro de aforismos que escribí hace mucho tiempo, con la sospecha de que sería casi imposible publicarlo. Esos años de espera, que al principio viví como un obstáculo, me permitieron por fortuna cribar el volumen y trabajar hasta el agotamiento en su estructura. Siempre me han desesperado los libros de aforismos tipo cajón de sastre. Amo el desorden, pero trabajado. Yo opté por organizar los aforismos en secciones, atendiendo a varios criterios: tema, tono, ritmo. Este último quizás sea el más importante: quería que los ciclos de aforismos generaran una cadencia de lectura, una música latente. En algunos casos, los aforismos se suceden por contrapunto y en otros van construyendo un argumento conceptual que avanza narrativamente, como si las ideas fueran personajes. Al final del libro hay una coda titulada “Hematomas”, que no es un dodecálogo teórico sobre el género sino contra él. Nació de la necesidad de señalar los límites de algunos de los supuestos principios del aforismo clásico (concisión, autonomía, pensamiento lógico…), que yo misma puedo cultivar pero con humor y contradicciones. Es un epílogo a disgusto, una especie de autosabotaje irónico. Los aforismos discrepan hasta consigo mismos. Son una cuerda tensa, a punto de romperse.

En todo caso, Lenguaraz participa de la tradición contemporánea del aforismo, que parte de la economía de lo breve y la violenta. Yo diría que la forma específica mediante la cual ejerce la violencia es precisamente la discrepancia. Una discrepancia semántica, ideológica, sintáctica, sensorial, espiritual y/o lisérgica. Desde las vanguardias clásicas, la prosa de pensamiento del aforismo construye también a partir de digresiones, lógicas imposibles, imágenes arbitrarias, transitando un nuevo territorio que bebe más que nunca de la poesía. El aforismo es desde entonces un reino donde los galimatías discuten con la razón moderna, la dispersión boicotea la eficacia literaria y las intuiciones caprichosas usurpan el lugar de la pertinencia gnómica. O sea, un reino que se cuestiona a sí mismo como representación.

***

Firmas invitadas en DVD Ediciones

J.A.G.R. La pregunta es muy académica, pero ¿es el aforismo lírica?, ¿puede el aforismo renovar el lenguaje lírico? Porque entonces la lírica dejaría de ser ese “estado” relampagueante de conciencia y pasaría a ser el rayo mismo…

E.M. El aforismo también es lírica, claro. Pero no sólo. En todo caso, me parece que su práctica es demasiado minoritaria (también entre poetas) como para producir una renovación. Aunque nunca se sabe. ¿El rayo mismo? Qué bueno. Yo creo que algunos de los mejores aforismos contemporáneos son poemas destilados. No tanto imágenes exentas como el hueso del poema. O de un cuento, o de un ensayo. Es un género que jibariza a otros géneros. Una forma minimalista y asistemática de pensamiento marcada por la discrepancia. Los aforismos discrepan con el mundo e incluso consigo mismos (de ahí su tendencia a la paradoja). Discrepan filosófica, narrativa y poéticamente. Ésa es, en mi opinión, su clave. Algo así escribió Valéry: «Nos plus importantes pensées sont celles qui contredisent nos sentiments». Tel quel.

***