Diario Ideal (El falso techo)

ENTREVISTA DE J.L. TAPIA

02-10-2013

¿En qué consiste El falso techo?

Es un libro sobre la pérdida de todo aquello que una vez pensamos que nos protegía: el hogar, cierta forma de entender los vínculos humanos y el Estado social. Hay una intemperie histórica y sentimental en los poemas que responde al presente que nos atraviesa, pero también a la conciencia de que la incertidumbre es una condición necesaria de toda transformación.

¿Qué cuestiones abordas en este nuevo poemario?

El poemario tiene tres partes que pretenden afrontar cada una la caída de un techo. La primera parte se centra en la relación entre memoria familiar e histórica. En las consecuencias siniestras que pueden llegar a tener en el espacio privado de la casa los silencios públicos, su violencia pasada y presente. Todos los poemas de esta parte transcurren en una vivienda convertida en escenario del desasosiego, un lugar desde cuyos armarios y agujeros nos sentimos vigilados. La segunda parte transcurre toda en aviones y aeropuertos que quisieran ser una alegoría de un techo más alto que el del hogar: el del Estado. Sus poemas están llenos de desconfianza hacia el pilotaje, hacia el horizonte que nos guía pero, sobre todo, hacia la lógica que va calando incansable en los propios pasajeros. En la tercera y última parte se reúnen poemas en los que es la vieja intimidad el techo que se viene abajo. La mayoría de ellos hurgan en la relación del sujeto con la poesía y el amor, en sus heridas y en sus grietas. Hay dolor pero también erotismo, humor y tal vez una esperanza más consciente.

¿Qué influencias tiene?

Es difícil calcularlo. A veces releo un libro que creía haber olvidado y descubro concomitancias con poemas que acabo de escribir. Por fortuna los versos ajenos dejan un poso difícil de manejar. Diría que hay algo de Pablo García Casado y Manuel Vilas en este libro. Pero sobre todo reconozco la presencia de las lecturas intensas de poesía argentina actual que he venido haciendo por razones académicas desde hace casi diez años. En ese sentido, creo que hay tanto de Joaquín Gianuzzi, Irene Gruss, Sergio Raimondi o Fabián Casas como de Jaime Gil de Biedma, Fonollosa, Justo Navarro o Claudio Rodríguez. Leo mucho (no sé si habrán dejado huella) a clásicos contemporáneos como Szymborska, Bonnefoy, Mark Strand, Tranströmer o Sanguineti.

¿En qué se diferencia de libros anteriores?

Combina, desarrollándola, esa veta fantástica y alegórica que ya había en Color carne con la tendencia a la idea seca de Lenguaraz. Diría que es más áspero y tajante que los anteriores.

¿Cómo definirías la poética de este libro?

Como una aspiración a congraciar lo material y lo epifánico. Quizás una voluntad.

¿Crees que la poesía es una arma cargada de futuro para estos tiempos en crisis?

Cualquier herramienta de transformación del sujeto y por tanto del mundo lo es.

¿Cómo ha influido el género del aforismo en su poesía?

Pues me ha dado, por ejemplo, perspectiva sobre lo nocivo que puede ser el carácter sentencioso en un poema. También se aprende lo que no se debe hacer. Dicen las lenguas malévolas que un libro de aforismos es una colección de últimos versos. Eso será en caso de que escribas malos poemas.

¿La nueva poesía se va desprendiendo de las influencias de la experiencia?

Si hablamos de la buena poesía escrita a partir de los años noventa, creo que algunos autores cuyos maestros fueron las figuras más sobresalientes de la experiencia aprendieron de ella y la transformaron en algo completamente diferente. Hay también un gran número de poetas que crecieron apegados a otras estéticas y que también continúan hoy su propio camino. Los poetas que nacieron en el cambio de siglo buscan, como es lógico, nuevos referentes.

¿Qué pretende con la poesía, qué le interesa de ella? (emocionar, comunicar, crear belleza)

Creo que escribir poesía es pensar y hacer. Ambas acciones están para mí estrechamente unidas a la emoción.